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En tierra de nadie

Llueve sobre mi tejado

Se terminó. Mi paciencia llegó a un límite. Me he cansado de dar sin apenas recibir de nadie. ¿Quién dijo que el que parte y reparte siempre se lleva la mejor parte? Porque yo he procurado ser lo más agradable posible con los demás, que fuesen felices pues esa en parte era mi felicidad, que no les falte de nada,... En cambio, no solo nunca he recibido nada sino que al resto  no se les ocurre plantearse que yo también tengo mis sentimientos y mis preocupaciones.

Hoy me pesa el alma, me pesa mucho. Tanto que me cuesta respirar. Me he quedado a oscuras en mi mundo y busco la llama que me alumbre de nuevo, pero no la encuentro. Ni tan siquiera soy capaz de articular una palabra, pues mis labios se han sellado. Quizá mañana cambie el viento, y consiga despejar ese cielo que veo tan tapado. Ójala al llevarse las nubes consiga distiguir el sol, y que éste a su vez me de el calor que anhelo. Por si acaso seguiré dejando un poco la puerta a la esperanza abierta....

 

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